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Niñez, Juventud y Vida Familiar

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Texto original: Paquita la del Barrio fue bautizada como Francisca Viveros Barradas. Vivió gran parte de su infancia en Alto Lucero, Veracruz, junto a sus padres y su hermana Viola bajo el seno de una familia humilde. Siempre se caracterizó por ser una niña feliz, a la que le gustaba montar a caballo y beber café. También, prefería las canicas y los trompos que a las muñecas. En su infancia tuvo que aprender diferentes oficios para sobrevivir, como cortar café, arriar animales y actividades que tenían que ver con la vida en el campo. Alrededor de sus 12 años de edad, descubrió su pasión por la música, consciente de su excepcional talento para el canto. La artista no pudo completar su educación inicial debido a los escasos recursos económicos de su familia, no fue hasta varios años después que pudo realizar estudios de primaria, terminando su única instrucción escolar a los 15 años de edad. En su poca de estudio hizo gala de su talento en los festivales de su escuela y fue así como Paquita la del Barrio cantó por primera vez en público, acostumbrándose a la atención y los escenarios.

En torno a los 15 años comenzó a trabajar en el Registro Civil de su pueblo. En ese lugar conoció a su primer gran amor, Miguel Gerardo quien se desempeñaba como Tesorero de la Presidencia Municipal, un hombre casado que para ese entonces tenía 42 años de edad. Además de ser maltratada físicamente por su esposo, este la había estado engañando por casi 15 años, tiempo en el que ya tenía hijos con otra esposa. Estuvo casada por siete años y en la unión procreó dos hijos, Miguel Gerardo Viveros, Javier Gerardo Viveros. Decidida a cambiar su vida, dejó a sus hijos al cuidado de su madre y viajó a la Ciudad de México en busca de trabajo, junto a su hermana Viola. Al radicarse en la capital se toparon con muchos obstáculos, sin vivienda, sin trabajo y sin el apoyo de nadie, solo se tenían la una a la otra. A pocas semanas de llegada a la capital Paquita consiguió trabajo en pequeño restaurante llamado La Fogata Norteña. Allí conoció a Alfonso Martínez, con quien pocos años después contrajo matrimonio. Desafortunadamente, su segundo marido la golpeaba, viviendo un infierno por casi 30 años, hasta que falleció. En el transcurso de los años, Martínez se convertiría en el famoso “inútil”, eslogan en la que se ha basado cada una de sus propuestas musicales. Después, formó un dueto llamado Las Golondrinas, junto a su hermana, quien también poseía una voz privilegiada. En 1975, a su hermana le ofrecieron un contrato discográfico para ir de gira por Perú y Chile, que no incluía a Paquita dentro los planes.

Su decepción la lleva a abandonar su sueño de ser cantante por un tiempo y enfocarse en su familia. Inauguró un pequeño restaurante de comida mexicana, que poco a poco fue evolucionando hasta convertirse en un negocio de banquetes y comidas para fiestas. Sin embargo, para Paquita la desgracia parecía haberse instalado en su morada, primero por la pérdida de sus gemelos producto de su tercer embarazo y segundo por la muerte de su madre que padecía de diabetes. Este fue uno de los mementos más tristes y dolorosos de su vida, aun así la vida le brindó la oportunidad de adoptar a la hija de su hermano, una niña recién nacida enferma llamada Martha Elena, a la que Paquita tuvo la oportunidad de salvar después de la muerte de este. Su amor por la pequeña fue tan grande, casi como un amor a primera vista. En 1978, el producto de su trabajo le permitió adquirir un terreno en la colonia Guerrero, donde edificó lo que fue su segundo restaurante llamado Casa Paquita, donde en ocasiones cantaba para el público. A pesar de lo trágica que parecía ser su vida, la artista no se permitió darse por vencida y continúo hacia adelante.